Febrero 2011
(…) un comedero, es un bebedero, es la coreografía del subempleo alrededor de los semáforos, es un teatro de escenarios ubicuos, es el frotarse de cuerpos en el Metro, es el depósito histórico de olores y sinsabores, es una primera comunión meses antes de la boda, es el anhelo de un cuarto propio, es la familia encandilada ante la televisión, es el santiguarse de los taxistas al paso de los templos, es la incursión jubilosa y amedrentada en la vida nocturna, es un paseo por los museos voluntarios e involuntarios, es el ir al cine como si se fuera a un videoclub sin variedad de títulos, es la cacería de la tipicidad que sobrevive, es la expedición de franquicias que subrayan la falsa y asombrosa semejanza con una ciudad norteamericana.”
Carlos Monsiváis en el prólogo de Guía del pleno disfrute de la Ciudad de México (1994) de Jorge Legorreta.
La pasión hace que uno deje de comer, de dormir, de trabajar, de estar en paz. Mucha gente se asusta porque, cuando aparece, derrumba todas las cosas viejas que encuentra.
Nadie quiere desorganizar su mundo. Por eso mucha gente consigue controlar esta amenaza….
…Otra gente piensa exactamente lo contrario: se entrega sin pensar, esperando encontrar en la pasión la solución para todos sus problemas…
Apartarse de la pasión, o entregarse ciegamente a ella, ¿cuál de las dos actitudes es la menos destructiva?.
No sé
” —Once minutos - Paulo Coelho (via alixcheshire)Enero 2011




